La Auditoría Forense: de la sostenibilidad y la sustentabilidad al esclarecimiento de responsabilidades frente al Cambio Climático.
Este un tema muy pertinente para abordarlo desde una perspectiva crítica, porque permite ir más allá de la definición académica de sostenibilidad y sustentabilidad y analizar la responsabilidad de los seres humanos, los Estados y, especialmente, de las naciones con mayor capacidad y poder económico.
Como idea central, estriamos estableciendo que el cambio climático no es únicamente un problema ambiental; es también el resultado de decisiones económicas, políticas y sociales que han privilegiado durante décadas el crecimiento y el consumo sobre la protección de la vida, los ecosistemas y las generaciones futuras.
1. La Sostenibilidad y sustentabilidad
Aunque ambos conceptos suelen utilizarse como sinónimos, podemos establecer una diferencia que es útil:
.- La sostenibilidad: busca mantener en el tiempo un equilibrio entre las dimensiones ambiental, social y económica, de manera que el desarrollo actual no comprometa el bienestar futuro.
.- La sustentabilidad: enfatiza la capacidad de los sistemas naturales y sociales para sostener la vida, utilizando los recursos de manera responsable y respetando sus límites de regeneración.
Es por ello, que podemos plantear que no existe una verdadera sostenibilidad económica si esta se construye destruyendo el ambiente o profundizando la desigualdad social.
2. La responsabilidad humana
Aquí aparece uno de los puntos más importantes de este análisis. El problema no está solamente en "la humanidad" de manera abstracta, sino en cómo producimos, consumimos, transportamos, utilizamos energía y distribuimos los recursos.
La irresponsabilidad se manifiesta, entre otros aspectos, en la explotación excesiva de los recursos naturales en la deforestación; en la contaminación del agua, el aire y el suelo; en el consumo desmedido; la generación creciente de residuos; la dependencia de combustibles fósiles; en la destrucción de los ecosistemas; en la pérdida de la biodiversidad; el crecimiento urbano sin una adecuada planificación y entre otras en la desigualdad en el acceso a los recursos naturales.
Y existe una contradicción fundamental: quienes más consumen y tienen mayor capacidad económica no necesariamente son quienes sufren primero ni con mayor intensidad las consecuencias ambientales.
3. ¿Y qué responsabilidad tienen las naciones desarrolladas?
En este punto se puede dar mucha fuerza porque las naciones industrializadas han obtenido durante décadas grandes beneficios económicos mediante modelos productivos intensivos en energía y recursos. Al mismo tiempo, una parte importante de los impactos ambientales de la producción y del consumo se ha trasladado hacia países en desarrollo en especial en los continentes de Africa y America del Sur.
Por eso se puede hablar de una responsabilidad ambiental diferenciada, donde no sería justo exigir exactamente las mismas obligaciones a un país que históricamente ha generado una enorme cantidad de emisiones y posee recursos tecnológicos y financieros muy superiores, que a un país pobre que necesita desarrollarse y que, además, puede sufrir gravemente los efectos del cambio climático sin haber contribuido proporcionalmente al problema.
4. La dimensión social
Aquí se puede conectar directamente con el ambiente y la sociedad, por el deterioro ambiental el cual termina convirtiéndose en un problema social: donde el cambio climático → el deterioro ambiental → la pérdida de recursos → la pobreza → el desplazamiento → los conflictos sociales y la pérdida de la calidad de vida, como por ejemplo, una sequía prolongada puede producir pérdida de cultivos. La pérdida de cultivos genera desempleo y un aumento de precios. Esto puede generar pobreza, migración y conflictos por el acceso al agua.
Por eso, la sostenibilidad no puede limitarse a plantar árboles o reducir emisiones y a ello también debe preguntarse: ¿Quién se beneficia del desarrollo y quién está pagando sus costos ambientales y sociales?
5. Una reflexión crítica que se puede desarrollar
Es interesante que este aspecto no presente al ser humano simplemente como "el destructor del planeta", sino que cuestione el modelo de desarrollo construido por las sociedades modernas, donde el planeta tiene límites físicos. Sin embargo, el modelo económico frecuentemente funciona bajo la idea de un crecimiento prácticamente ilimitado como es: más producción, más consumo, más extracción, más residuos y una mayor presión ambiental.
Entonces surge ahora otra pregunta fundamental: ¿Puede existir un verdadero desarrollo cuando para alcanzarlo destruimos las condiciones que permiten la vida?
6. Plaguicidas químicos.
Durante décadas, cuando una plaga aparecía en un cultivo, la respuesta parecía sencilla: utilizar más pesticidas. Sin embargo, cada sustancia empleada para mitigar una plaga puede generar consecuencias que van mucho más allá del campo donde es aplicada; puede llegar al suelo, al agua, afectar a los insectos, a los animales y, finalmente, al ser humano. No obstante, la naturaleza también cuenta con sus propias herramientas: hongos, bacterias, depredadores naturales y otros organismos capaces de combatir y controlar a otros organismos. Por ello, la solución no necesariamente debería estar en destruir cada vez más, sino en aprender a comprender, respetar y trabajar con la naturaleza.
Esta última frase —“aprender a comprender, respetar y trabajar con la naturaleza”— parece especialmente importante para este artículo, porque permite pasar del problema de los pesticidas a la discusión sobre sostenibilidad y sustentabilidad.
Se refiere principalmente a la transición del control químico de plagas hacia estrategias más sostenibles, como el control biológico y el manejo integrado de plagas.
La idea central es muy importante: durante mucho tiempo se consideró que la forma más rápida de combatir una plaga era aplicar más pesticidas. Se advierte que estas sustancias no permanecen necesariamente en el lugar donde se aplican, sino que pueden afectar otros componentes del ecosistema, como lo es: el cultivo, suelo, agua, insectos, animales y al ser humano.
Frente a ello, se plantea que la naturaleza posee sus propios mecanismos de regulación, como son los:
.- Hongos, que pueden afectar determinados insectos.
.- Las bacterias, que actúan contra ciertos organismos.
.- Los depredadores naturales, que controlan poblaciones de plagas. Y
.- Otros organismos biológicos, capaces de contribuir al equilibrio de los ecosistemas.
Es por eso, que el fondo de ello no es simplemente afirmar que “todo lo químico es malo y todo lo natural es bueno”. La reflexión es mucho más profunda: donde la solución a los problemas agrícolas podría no consistir únicamente en aumentar el uso de sustancias destinadas a destruir organismos, sino en investigar y comprender cómo funcionan los mecanismos naturales para trabajar con ellos de manera científica y responsable, esto podría manejarse en los países llamados tercermundistas donde aun sus tierras son muy fértiles.
Uno de los ejemplos por lo cuales ya en Mexico se trabaja en ello son los hongos y con los cuales trabajaremos en este articulo pata determinar su importancia y el cuidado de la alimentación mundial en el futuro próximo. Los “hongos entomopatógenos” son microorganismos que infectan y pueden causar la muerte de determinados insectos y otros artrópodos. Por eso se estudian y utilizan como una herramienta de control biológico de plagas.
6.1. ¿Cómo actúan estos?
De manera simplificada, el proceso puede entenderse de la siguiente forma:
Entre los casos más estudiados están Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae, utilizados en investigaciones y productos de control biológico contra diferentes plagas.
6.2. ¿Por qué son importantes para este artículo?
Porque aquí encontramos una conexión muy interesante con lo que estamos desarrollando, donde los hongos entomopatógenos muestran cómo el conocimiento científico puede aprovechar mecanismos existentes en la naturaleza para controlar determinadas plagas, reduciendo potencialmente la dependencia de algunos pesticidas químicos y sus impactos sobre los ecosistemas.
Pero hay que hacer una precisión importante: “biológico” o “natural” no significa automáticamente “inofensivo”. Su utilización requiere estudiar su especificidad, eficacia, condiciones ambientales y sociales, posibles efectos sobre organismos no objetivo y las condiciones de aplicación.
Donde precisamente esta última consideración nos abre una puerta muy buena para la Auditoría Forense y su equipo de peritos o expertos no basta con afirmar que una determinada estrategia es sostenible; es necesario contar con la evidencia física o los EMP y las pruebas judiciales que permita demostrar sus efectos ambientales, económicos y sociales.
Estos trabajos estan siendo desarrollados y como referencias contamos con los autores quien en este caso esta Meyling y Eilenberg (2007), que es una referencia muy pertinente porque estudia específicamente el Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae como agentes naturales de control de plagas en agroecosistemas.
También encontramos a McGuire y Northfield (2020), quien interesa en particularmente porque aborda la presencia e importancia agrícola de estos hongos en ambientes tropicales, además de su utilización dentro del manejo integrado de plagas.
Es especialmente interesante para este artículo Rajula, Rahman y Krutmuang (2020), porque estudia los hongos entomopatógenos en África y el Sudeste Asiático, justamente en relación con su posible adopción como estrategia de control biológico.
Y entre otros se encuentra Pell, Hannam y Steinkraus (2010), quien puede ayudar mucho para el argumento de sostenibilidad, porque aborda el control biológico mediante la conservación de los enemigos naturales presentes en el propio ecosistema.
Para el caso de una referencia particularmente interesante para Colombia en una revisión del brasileño Daniel R. Sosa-Gómez que señala la importancia del control microbiano con hongos en América Latina y menciona expresamente a Colombia, donde Beauveria bassiana se ha utilizado para el control de la broca del café (Hypothenemus hampei), lo que puede servir muchísimo, permitiendo pasar de una discusión general a un ejemplo concreto de aplicación del control biológico en Colombia.
Quien manifiesta que en América Latina, el control microbiano mediante hongos entomopatógenos ha tenido aplicaciones relevantes; en Colombia, por ejemplo, Beauveria bassiana ha sido empleado en el manejo de la broca del café, lo que evidencia que estas estrategias no corresponden únicamente a desarrollos experimentales, sino que han encontrado aplicaciones concretas en sistemas agrícolas. (Sosa-Gómez, 2017). La ficha bibliográfica consultada presenta una inconsistencia entre el año que muestra la página y el número de la revista.
Al utilizar estas referencias para construir un apartado denominado, “El control biológico: de la confrontación con la naturaleza a la cooperación con ella” y el establecer el puente con Auditoría Forense, donde si la ciencia desarrolla alternativas para reducir la dependencia de determinados pesticidas, la pregunta desde la Auditoría Forense no debería limitarse a establecer si la tecnología funciona. También debería preguntarse qué decisiones condujeron a su implementación?, qué recursos fueron utilizados?, cuáles fueron sus resultados ambientales y económicos?, qué impactos produjo? y si las afirmaciones de sostenibilidad pueden ser demostradas mediante evidencia?.
Aquí es donde este artículo empieza a tener una identidad propia, porque no se estaría haciendo simplemente una revisión sobre control biológico, sino relacionándolo con sostenibilidad, sustentabilidad, responsabilidad y evidencia desde la Auditoría Forense.
Esto tiene una conexión directa con la sostenibilidad y la sustentabilidad, porque plantea una forma de producción agrícola que busca proteger los cultivos sin desconocer que el suelo, el agua, los animales, los insectos y los seres humanos forman parte de un mismo sistema.
Y hay una frase que puede ser muy valiosa, para este casi “La sostenibilidad comienza cuando el ser humano deja de considerar a la naturaleza únicamente como un recurso para explotar y comprende que su propia supervivencia depende del equilibrio de los sistemas naturales.”
El contenido analizado permite comprender que la crisis ambiental contemporánea no constituye un fenómeno aislado, sino el resultado acumulativo de decisiones humanas relacionadas con los modelos de producción, consumo, explotación de los recursos naturales y desarrollo económico. La utilización intensiva de pesticidas, la degradación de los suelos, la pérdida de biodiversidad, los incendios forestales, la escasez de agua o las inundaciones y el cambio climático forman parte de un mismo sistema de desequilibrios que amenaza las condiciones que hacen posible la vida.
Los científicos estan trabajando con la naturaleza para combatir a la misma naturaleza con hongos capaces de matar insectos, bacterias que se producen contra ciertas plagas, virus que atacan entre otros llamado “control Biológico”, porque el control biológico representa precisamente el paso de una respuesta basada únicamente en la destrucción de la plaga hacia una estrategia científica que busca aprovechar los mecanismos propios de los ecosistemas.
En este contexto, la investigación científica ha permitido desarrollar estrategias de control biológico orientadas a reducir el impacto de las plagas mediante el aprovechamiento de organismos que actúan naturalmente como reguladores de sus poblaciones. Científicos de diferentes disciplinas han estudiado hongos, bacterias, virus, insectos depredadores y otros organismos con capacidad para controlar determinadas especies consideradas plagas agrícolas. Estos avances demuestran que la ciencia no necesariamente debe estar orientada a dominar o transformar la naturaleza, sino también a comprender sus mecanismos y utilizarlos de manera responsable para recuperar y conservar el equilibrio de los ecosistemas.
Ese control biológico constituye, por tanto, una alternativa que puede contribuir a disminuir la dependencia de determinados pesticidas químicos y sus posibles efectos sobre el suelo, el agua, la biodiversidad y la salud humana. A ello, su implementación requiere de investigación, conocimiento científico, monitoreo permanente y adaptación a las características particulares de cada ecosistema. No se trata de sustituir de manera automática una tecnología por otra, sino de encontrar soluciones que permitan producir alimentos sin comprometer la capacidad de la naturaleza para regenerarse y sostener la vida.
En este sentido aparece una conexión muy interesante con la Auditoría Forense con su equipo de expertos que llevaría a la pregunta la cual no debería ser solamente “¿funciona el control biológico?”, sino también ¿Cómo podemos demostrar que las estrategias utilizadas realmente contribuyen a la sostenibilidad y sustentabilidad?
Ahí entra la Auditoría Forense a verificar mediante evidencia científica, ambiental, económica y documental si las decisiones adoptadas realmente producen los resultados que se anuncian, como por ejemplo, se podría analizar si la decisión científica, la aplicación del control biológico, los resultados obtenidos, a valoración del impacto ambiental valoración del impacto económico, la valoración del impacto social, las evidencias y la responsabilidad incluyendo a los victimarios.
En este punto se puede incorporar la Auditoría Forense considerando que aquí se tiene una conexión muy interesante con su campo de de una investigación y se podría desarrollar posteriormente una sección denominada que aportaría mas sobre: ”La sostenibilidad y la sustentabilidad bajo la mirada de la Auditoría Forense"
Porque la Auditoría Forense no tendría que limitarse solo al fraude y/o delitos económicos y financieros tradicional. También puede contribuir a reconstruir hechos, identificar responsabilidades, victimarios, establecer relaciones causales, analizar evidencias y determinar si las afirmaciones de responsabilidad ambiental y social pueden ser demostradas junto con el impacto que estos han generado y contribuido al cambio climático, como por ejemplo, en estas fases:
Esto nos permitiría formular una tesis bastante poderosa, donde la sostenibilidad no debería ser solamente un discurso de responsabilidad empresarial o gubernamental; debe ser susceptible de verificación, evidencia y rendición de cuentas. Y allí es donde la Auditoría Forense puede desempeñar un papel fundamental.
Esto permite formular una idea muy potente para el artículo, donde la ciencia puede proporcionar las herramientas para enfrentar los problemas ambientales, pero la Auditoría Forense puede contribuir a verificar si esas herramientas fueron utilizadas adecuadamente, cuáles fueron sus resultados, qué impactos cuantitativos y cualitativos generaron y si las afirmaciones de sostenibilidad pueden ser demostradas mediante evidencia.
Se estima, que esta conexión puede convertirse en uno de los aportes originales de nuestro trabajo: no solamente hablar de sostenibilidad y sustentabilidad, sino preguntarnos cómo demostrar que realmente estamos siendo sostenibles?.
El problema no radica en la ciencia ni en la tecnología por sí mismas. El verdadero desafío consiste en determinar para qué y bajo qué criterios se utilizan. La ciencia puede contribuir a destruir los ecosistemas, pero también puede ayudarnos a comprenderlos, restaurarlos y protegerlos. El control biológico, la agricultura regenerativa, la microbiología, la agricultura de precisión y las nuevas tecnologías pueden representar alternativas importantes, siempre que su acceso no quede restringido exclusivamente a quienes poseen mayor capacidad económica.
Por ello, hablar de sostenibilidad exige superar la visión limitada del crecimiento económico. No puede considerarse sostenible un modelo que produce más alimentos mientras destruye los suelos, contamina el agua, elimina la biodiversidad y compromete la capacidad productiva de las futuras generaciones y en especial en Colombia con sus tierras fértiles. Del mismo modo, no puede hablarse de sustentabilidad cuando los beneficios de la explotación de los recursos se concentran en determinados sectores mientras sus costos ambientales y sociales son trasladados a las comunidades más vulnerables.
El cambio climático demuestra que las consecuencias de nuestras decisiones no respetan fronteras. Los incendios, las sequías, la pérdida de biodiversidad y la inseguridad alimentaria afectan a diferentes países y poblaciones, aunque no todos hayan contribuido de la misma manera a la generación del problema ni dispongan de los mismos recursos para enfrentarlo. Por esta razón, la responsabilidad ambiental debe estar acompañada de justicia social, cooperación internacional y rendición de cuentas.
La sostenibilidad y la sustentabilidad no debería permanecer en el ámbito del discurso institucional. Debe ser verificable. Las afirmaciones de empresas, gobiernos y organizaciones acerca de su responsabilidad de gobernanza, ambiental y social deben poder contrastarse con hechos, evidencias y resultados. En este punto adquiere especial relevancia la Auditoría Forense, al aportar herramientas para reconstruir hechos, establecer relaciones, identificar inconsistencias, determinar responsabilidades y evaluar si los indicios y las presunciones de aquello que se declara como sostenible realmente puede ser demostrado.
La verdadera transformación no consiste simplemente en producir más, sino en aprender a producir y consumir sin destruir las condiciones que permiten nuestra propia existencia. Proteger el planeta no constituye una moda ni una ideología: representa una responsabilidad ética, social, económica e intergeneracional.
Referencias
Fonseca Vivas, Á. (2023). Auditoría forense: La forja de una idea desde un enfoque praxiológico [Tesis doctoral, Universidad Americana de Europa (UNADE)]. Repositorio Institucional UNADE. https://unade.edu.mx/auditoria-forense-la-forja-de-una-idea-desde-un-enfoque-praxiologico/
Meyling, N. V., & Eilenberg, J. (2007). Ecology of the entomopathogenic fungi Beauveria bassiana and Metarhizium anisopliae in temperate agroecosystems: Potential for conservation biological control. Biological Control, 43(2), 145–155. https://doi.org/10.1016/j.biocontrol.2007.07.007
McGuire, A. V., & Northfield, T. D. (2020). Tropical occurrence and agricultural importance of Beauveria bassiana and Metarhizium anisopliae. Frontiers in Sustainable Food Systems, 4, Article 6. https://doi.org/10.3389/fsufs.2020.00006
Pell, J. K., Hannam, J. J., & Steinkraus, D. C. (2010). Conservation biological control using fungal entomopathogens. BioControl, 55(1), 187–198. https://doi.org/10.1007/s10526-009-9245-6
Rajula, J., Rahman, A., & Krutmuang, P. (2020). Entomopathogenic fungi in Southeast Asia and Africa and their possible adoption in biological control. Biological Control, 151, 104399. https://doi.org/10.1016/j.biocontrol.2020.104399
Sosa-Gómez, D. R., López Lastra, C. C., & Humber, R. A. (2010). An overview of arthropod-associated fungi from Argentina and Brazil. Mycopathologia, 170, 61–74. https://doi.org/10.1007/s11046-010-9288-3
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